Soy fotógrafa, pero, en realidad, soy alguien que juega con lo invisible.
Mi cámara no está ahí solo para capturar lo que está frente a mí. Mi cámara está ahí para mirar más allá de lo evidente, para intentar atrapar lo que no se ve, lo que se siente, lo que se desea pero no siempre se expresa. Mi trabajo no es solo una fotografía, es un intento de transmitir lo que hay en el aire, lo que flota entre las personas y que no se ve pero está ahí.
Lo que me mueve no es lo obvio, lo que está estipulado. La rutina me gusta para muchas cosas, pero cuando se trata de arte, de capturar algo que importe, no me interesa lo predecible. Busco lo que está escondido, lo que no todo el mundo es capaz de ver.
No me importan las poses perfectas ni las imágenes que todos esperan ver. Lo que busco es una emoción, un gesto, una mirada que hable más que cualquier convención. Porque no es solo lo que ves lo que impacta, sino lo que te toca por dentro, lo que provoca que algo se mueva dentro de ti.
Cuando era pequeña, mi profesora de música me propuso que cerrara los ojos e intentara adivinar qué instrumento sonaba, pero yo me perdía en sus sonidos, en cómo vibraban dentro de mí. Esa capacidad de percibir lo que te hace sentir me hizo sensible ante estímulos, a no conformarme con lo obvio, a buscar lo que no se ve, lo que no está en el primer plano.
Esa misma sensibilidad es la que intento trasladar a cada una de mis creaciones. Escuchar más allá de lo evidente me ha enseñado a ver más allá de lo superficial. Y esa mirada, la que no se conforma con lo que todos ven, la llevo a cada foto que hago.
Para mí, la fotografía es un espacio para jugar con esa misma energía: esa tensión entre lo real y lo que podría ser, entre lo que se ve y lo que se siente.
No busco perfección, ni la foto impecable, busco provocar emociones, crear deseos. Porque, aunque no te lo creas, ahí está la clave. No en ponerte detrás de una mesa con chaqueta para parecer más profesional. La clave está en capturar lo que se es, lo que no se oculta, lo que es genuino y verdadero.
No me gustan los megaconciertos, ni los eventos de gran calibre. Prefiero lo pequeño, lo íntimo, lo que casi nadie ve, lo que siempre pasa desapercibido. Son esos momentos, esos rincones, los que me hacen ser afortunada de estar ahí.
Porque si quieres crear algo diferente, tienes que salir de la corriente, buscar en lo que otros no ven, en lo que no está marcado por las masas. Y eso, precisamente, es lo que trato de captar con mi cámara: esa esencia única que solo puede encontrarse en lo distinto, en lo que no se sigue, en lo que no es común.
